viernes, 23 de noviembre de 2012

LA EDUCACION EN EL HUMANISMO Y EL RENACIMIENTO

RENACIMIENTO

Es un periodo de la historia europea caracterizado por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. El renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.
CARACTERÍSTICAS

El renacimiento italiano fue sobre todo un fenómeno urbano, un producto de las ciudades que florecieron en el centro y norte de Italia, como Florencia, Ferrara, Milán y Venecia, cuya riqueza financió los logros culturales renacentistas. Estas mismas ciudades no eran producto del renacimiento, sino del periodo de gran expansión económica y demográfica de los siglos XII y XIII. Los comerciantes medievales italianos desarrollaron técnicas mercantiles y financieras como la contabilidad o las letras de cambio. La creación de la deuda pública (concepto desconocido en épocas pasadas) permitió a esas ciudades financiar su expansión territorial mediante la conquista militar. Sus mercaderes controlaron el comercio y las finanzas europeas; esta fluida sociedad mercantil contrastaba claramente con la sociedad rural de la Europa medieval. Era una sociedad menos jerárquica y más preocupada por sus objetivos seculares.
Ruptura con la tradición:
Por supuesto, la Edad Media no acabó de forma repentina. No obstante, sería falso considerar la historia como una perpetua continuidad y, por tanto, al renacimiento como una mera continuación de la edad media. Una de las más significativas rupturas renacentistas con la tradición medieval se encuentra en el campo de la historia. Las obras Historiarum florentini populi libri XII (Doce libros de historias florentinas, 1420) de Leonardo Bruno, las Istorie fiorentine (Historias florentinas, 1525) de Nicolás Maquiavelo, Storia d´Italia (Historia de Italia, 1561-1564) de Francesco Guicciardini y Methodus ad facilem historiarum cognitionem (Método para facilitar el conocimiento de la historia, 1566) de Jean Bodin (Bodino), estaban escritas bajo un punto de vista secular del tiempo y con una actitud crítica hacia las fuentes históricas. La historia se convirtió en una rama de la literatura más que de la teología; los historiadores renacentistas rechazaron la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el posterior Juicio Final. La visión renacentista de la historia también constaba de tres partes: comenzaba con la antigüedad, continuaba con la edad media y se completaba con la edad de oro, o renacimiento, que acababa de iniciarse.
Mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas.
La idea renacentista del humanismo supuso otra ruptura cultural con la tradición medieval. Según el profesor estadounidense Paul Oscar Kristeller, este término, frecuentemente mal interpretado, significa la tendencia general del renacimiento a “conceder la mayor importancia a los estudios clásicos y a considerar la antigüedad clásica como la pauta común y el modelo a seguir en toda la actividad cultural”. Se estudiaron los textos clásicos y se enjuiciaron por sus propios valores; desde este momento ya no se utilizarían más para embellecer y justificar la civilización cristiana. El gran interés por la antigüedad tuvo su expresión en la febril y fructífera búsqueda de manuscritos clásicos; se redescubrieron los Diálogos de Platón, los textos históricos de Heródoto y Tucídides, las obras de los dramaturgos y poetas griegos, así como de los Padres de la Iglesia, que se publicaron críticamente por primera vez. El estudio de la lengua griega se desarrolló en los siglos XV y XVI gracias a la emigración de eruditos bizantinos que, tras la caída de Constantinopla en manos del Imperio otomano en 1453, la enseñaron en Florencia, Ferrara y Milán. El estudio de la literatura antigua, de la historia y de la filosofía moral, aunque a veces degeneró en una imitación de los clásicos, tenía por objetivo crear seres humanos libres y civilizados, personas de gusto y juicio, ciudadanos, en definitiva, más que sacerdotes y monjes.
La perfección del cuerpo humano mediante el entrenamiento físico, ideal que raramente se conoció en la edad media, se convirtió en uno de los objetivos de la educación renacentista. Los estudios humanísticos, junto a los grandes logros artísticos de la época, fueron fomentados y apoyados económicamente por grandes familias como los Medici en Florencia, los Este en Ferrara, los Sforza en Milán, los Gonzaga en Mantua, los duques de Urbino, los dogos en Venecia y el Papado en Roma.
Las artes:
La recuperación y estudio de los clásicos originó la aparición de nuevas disciplinas —filología clásica, arqueología, numismática y epigrafía— y afectó críticamente al desarrollo de las ya existentes. En el campo de las bellas artes la ruptura decisiva con la tradición medieval tuvo lugar en Florencia en torno a 1420, cuando el arte renacentista alcanzó el concepto científico de perspectiva lineal que hizo posible representar el espacio tridimensional de forma convincente en una superficie plana. Las obras del arquitecto Filippo Brunelleschi y del pintor Masaccio son deslumbrantes ejemplos del uso de esta técnica.
Donatello, considerado fundador de la escultura moderna, esculpió una estatua de David, primer desnudo a tamaño natural desde la antigüedad. Desde mediados del siglo XV, las formas y temas clásicos volvieron a ser utilizados: los motivos mitológicos tomados de las fuentes literarias adornaron palacios, paredes, mobiliarios y vajillas; Pisanello retomó la antigua costumbre de acuñar medallas para conmemorar a eminentes figuras, como el político florentino Cosme de Medici; Piero della Francesca, Andrea Mantegna y Sandro Botticelli pintaron retratos de personajes de la nobleza, resaltando sus características individuales. Los ideales renacentistas de armonía y proporción culminaron en las obras de Rafael, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel durante el siglo XVI.
Ciencia y tecnología:
También se hicieron progresos en medicina y anatomía, especialmente tras la traducción, en los siglos XV y XVI, de numerosos trabajos de Hipócrates y Galeno; también fueron traducidos en el siglo XVI algunos de los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances realizados destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. A finales del siglo XVI, Galileo ya había dado un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la física. La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes y por las primeras traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón.
En el campo de la tecnología, la invención de la imprenta en el siglo XV revolucionó la difusión de los conocimientos. La imprenta incrementó el número de ejemplares, ofreció a los eruditos textos idénticos con los que trabajar y convirtió el trabajo intelectual en una labor colectiva. El uso de la pólvora transformó las tácticas militares entre los años 1450 y 1550, favoreciendo el desarrollo de la artillería, que mostró su efectos devastadores contra los muros de piedra de castillos y ciudades. El ejército medieval, encabezado por la caballería y apoyado por arqueros, fue reemplazado progresivamente por la infantería, provista de armas de fuego y picas; tales fuerzas formaron los primeros ejércitos permanentes de Europa.
Política:
En el campo del derecho, se tendió a sustituir el abstracto método dialéctico de los juristas medievales por una interpretación filológica e histórica de las fuentes del Derecho romano. Por lo que respecta al pensamiento político, los teóricos renacentistas recusaron, pero no anularon, la proposición medieval de que la preservación de la libertad, del derecho y de la justicia constituía el objetivo fundamental de la vida política. Los renacentistas aseveraron que la misión central del gobernante era mantener la seguridad y la paz. Maquiavelo sostenía que la virtú (la fuerza creativa) del gobernante era la clave para el mantenimiento de su propia posición y el bienestar de sus súbditos, idea consonante con la política de la época.
Durante el renacimiento, las ciudades italianas se convirtieron en estados territoriales que buscaban expandirse a costa de otros. La unificación territorial tuvo lugar también en España, Francia e Inglaterra, lo que condujo a la formación del Estado nacional moderno. Este proceso contó con la ayuda de la moderna diplomacia, configurada, al tiempo que las nuevas tácticas militares, cuando las ciudades-estado italianas establecieron embajadas permanentes en cortes extranjeras. En el siglo XVI la institución de la embajada estable se hallaba extendida por el norte del continente, en Francia, Inglaterra y en el Sacro Imperio Romano Germánico.
Religión:
El clero renacentista, particularmente su más alta jerarquía, ajustó su comportamiento a la ética y costumbres de la sociedad laica. Las actividades de los papas, cardenales y obispos apenas se diferenciaban de las usuales entre los mercaderes y políticos de la época. Al mismo tiempo, la cristiandad se mantuvo como un elemento vital y esencial de la cultura renacentista. Predicadores como san Bernardino de Siena y teólogos o prelados como San Antonino de Florencia, gozaron de gran prestigio y fueron venerados. Además muchos humanistas se preocuparon por cuestiones teológicas y aplicaron los nuevos conocimientos filológicos e históricos para estudiar e interpretar a los Padres de la Iglesia. El acercamiento humanista a la teología y a las Escrituras se puede observar desde el erudito y poeta italiano Petrarca hasta el holandés Erasmo de Rotterdam, lo que tuvo un poderoso impacto sobre los católicos y protestantes.

RENACIMIENTO HISPÁNICO
Arte plateresco:
El Renacimiento español presenta unas características muy peculiares respecto al que se extendió por Europa a finales del siglo XV. Tradicionalmente se ha calificado como poco definido y poco canónico, dada la pervivencia de una sociedad que tenía aún muy asimiladas las características propias de la Edad Media, y en la que la ostentación del gótico tardío impedía la introducción de los nuevos valores procedentes, sobre todo, de Italia. Pero, por otra parte, también son importantes las influencias que llegaron de Francia, Alemania y Flandes. De todo esto resultó un Renacimiento que algunos definen como periférico, y que tuvo un despunte desigual por regiones.
A finales del siglo XV, los Reyes Católicos se esforzaron por atraer a artistas, sobre todo italianos, y por adquirir obras de arte, algunas de ellas vinculadas con talleres florentinos. Pero a pesar de esto, la fuerte tradición gótica no consigue que se cambien las directrices, de manera que algunos edificios representativos de esta época, tales como San Juan de los Reyes, en Toledo, se caracterizan por contener un alto grado de decoración arquitectónica a base de blasones y emblemas nobiliarios o monárquicos, en consonancia con el espíritu político del momento.
A esta etapa que transcurre entre las últimas manifestaciones claramente góticas y la lenta implantación de los principios renacentistas se la conoce como el arte plateresco. Este movimiento se caracteriza por aplicar a la arquitectura, y sobre todo, a las fachadas, la técnica y la ornamentación de los orfebres. Una de las primeras obras que manifiesta esta tendencia es la fachada de la universidad de Salamanca.
La plenitud del Renacimiento:
El artista que marca el paso a las nuevas tendencias es Diego de Siloe, con sus intervenciones en las catedrales de Granada y Málaga, obras realizadas después de una larga estancia en Italia. Pero es en la zona castellana, sobre todo en Salamanca y Valladolid, donde arraigará con más fuerza el plateresco.
Carlos V marca el verdadero punto de inflexión hacia la nueva tendencia, sobre todo a partir del palacio que mandó construir al lado de la Alambra de Granada. Se puede decir de este palacio que es el edificio más clásico y con más elementos italianizantes de todos los que se construyeron en la Península. Fueron arquitectos importantes Pedro Machuca, Gil de Hontañón y Alonso de Covarrubias.
Estas nuevas tendencias llegaron a su punto culminante con el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, obra magna de Felipe II. Este conjunto, además de plasmar la idea imperial del monarca, sorprende por su magnificencia.
HUMANISMO
Movimiento intelectual que se extendió en la Europa de los siglos XV-XVI que se basa en el estudio de los textos de la Antigüedad clásica.
Inseparable del Renacimiento, el humanismo se inició en la Italia del siglo XV y se desarrolló, en el siglo siguiente, en Francia, España y Portugal. Además de un retorno a las fuentes grecolatinas, aportó una nueva visión del hombre. El redescubrimiento de lo antiguo no impidió, no obstante, el uso de las lenguas vernáculas y las traducciones de los libros antiguos. Entre las figuras del humanismo renacentista, cabe mencionar a Petrarca y Bocaccio, como precursores, a Manetti y Pico della Mirándola, autores de tratados sobre la dignidad humana, a Erasmo y Montaigne, por su afirmación de la centralidad del sujeto, y a Juan Vives, como humanista español.
Donde con mayor fuerza se manifestó el espíritu humanista fue en la literatura: se renovaron los temas eruditos y poéticos, los géneros (novela pastoril y picaresca), la versificación (canción, soneto) y la estilística.
BIBLIOGRAFÍA
·         Libro de Lengua y Literatura 3º E. S. O. Edit. Anaya.
·         Gran enciclopedia Larousse.
·         Enciclopedia Durvan.
·         Gran historia universal. Edit. Najera.
·         Enciclopedia Planeta Agostini.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Ofrendas (DÍA DE MUERTOS)

Ofrenda Iztapalapa México, D.F.
Representacion de cada una de las cosas que llevan las ofrendas de día de muertos.
Feria de Artesanía en Revolución, en representacion al día de muertos.

viernes, 19 de octubre de 2012

Educacion en su perspectiva historica.

IMPORTANCIA DE LA HISTORIA Y DIVERSAS INTERPRETACIONES.



 Historia como Ciencia Social

La historia es la ciencia social  que se encarga de estudiar el pasado de la humanidad. Por otra parte, la palabra se utiliza para definir al periódico histórico que se inicia con la aparición de la escritura e incluso para referirse al pasado mismo.
Algunos ejemplos donde aparece el término: “Un experto en historia aseguró que los primeros habitantes estables de la isla fueron contrabandistas”, “Mi relación con Johanna ya es historia”, “El jugador español hizo un gol que quedará en la historia de la competencia”.
Las formas en la que la historia estudia los hechos trascendentes de la vida de la humanidad pueden ser sincrónica (de la misma época), relacionando hechos de la misma época con evoluciones o consecuencias en la especie humana, o diacrónica (de épocas diferentes), analizando hechos anteriores que puedan ser causas o posteriores que sean consecuencia de un hecho o algo concerniente a la propia especie. Los científicos que se especializan en historia, son llamados historiadores.
Es importante aclarar que pese a que ciertos conceptos que se encuentran implicados en al historia, son absolutamente diferentes a ella y no deben confundirse entre sí, estos son: la historiografía (que abarca los procedimientos y las técnicas que permiten realizar una descripción de un hecho ya sucedido), la historiología (destinada a explicar cómo sucedieron los acontecimientos históricos) y la historia en sí misma (o sea, los hechos que realmente tuvieron lugar). En estos tres conceptos (historia, historiografía e historiología), encontramos a los sucesos pasados, a la ciencia que se dedica a analizarlos y a la epistemología correspondiente.
Pueden mencionarse dos enfoques en el campo de estudio de la historia: el clásico (que toma a la historia como el periodo surgido a partir del desarrollo de la escritura) y el multiculturalista  (que considera que la historia abarca las etapas en las que es posible lograr una reconstrucción confiable de los sucesos que inciden en el devenir social).
Según la historia clásica, los acontecimientos que tuvieron lugar antes del periodo histórico pertenecen a la prehistoria, mientras que aquellos hechos situados en el periodo de transición entre la prehistoria y la historia son parte de la protohistoria.
Los fenómenos que analiza la historia pueden ser de tipo económico, político, social, artístico, cultural o religioso y se diferencian entre sí por ser de corta, media o larga duración. Los de corta duración son hechos puntuales, llamados también acontecimientos, que se producen en unas horas o días, la caída de las torres gemelas.
Se considera un fenómeno de media duración, los que son coyunturales y se desarrollan en un período de pocos años, como la I Internacional. Por último, los de larga duración, son los estructurales y su desarrollo puede durar hasta siglos, tal es el caso del conflicto entre Palestina e Israel.
Como en las ciencias sociales las cosas no se muestran de una forma determinista, a causa de una falta de comprobación sólo posible en las ciencias exactas, los fenómenos de la historia pueden analizarse desde múltiples perspectivas y mostrar incluso hechos contradictorios entre sí. Y, así como la historia no puede analizar el pasado de forma determinista, tampoco puede predecir el futuro de la humanidad a partir de datos empíricos. Con todo esto podemos decir que para realizar un análisis histórico debe tenerse en cuenta la libertad de cada individuo dentro del grupo social al que se estudia.


El hombre como realizador de la historia

La evolución humana o también hominización se define como el proceso de transformación de la especie humana desde sus ancestros hasta hombre actual. El estudio de dicho proceso es una búsqueda interdisciplinar en la que se aúnan conocimientos procedentes de ciencias como la antropologia fisica , la lingüística y la genética
El hombre es menos veloz que un caballo, menos poderoso que un oso; Tiene la vista, el oído y el olfato menos desarrollados que un perro o un gato. Sin embargo, controla el planeta: muchos investigadores creen que ha sido el desarrollo del cerebro y de las manos lo que ha permitido llegar a ese control.
La aparición del hombre sobre la Tierra es el primer paso para el nacimiento del pensamiento y un avance decisivo hacia la reflexión.  Por primera vez en la historia de la vida, un ser, no sólo conocerá, sino que se conocerá.
Si la estructura anatómica del hombre es resultado de una larga evolución, el despertar de su inteligencia ha sido, por el contrario, bastante brusco. Todo hace suponer que el umbral que daría paso al pensamiento fue franqueado de una sola vez.  Y, a partir de este momento, la vida de la especie humana quedó trazada. Lo estaba, no sólo por el dinamismo del poder de la reflexión, sino también porque, contrariamente a los animales vinculados al medio ambiente, el hombre no puede sobrevivir si no transforma cuanto le rodea y lo adapta a su medida.
Los restos que se han encontrado en las capas de terreno o en el suelo de antiguas cavernas son, en su mayor parte, armas sencillas de piedra o de metal, utensilios de alfarería; esto es, ollas y vasos de greda, y otros objetos semejantes. El estudio comparativo de ellos ha permitido establecer una gradación de los progresos alcanzados por el hombre en esas oscuras épocas de su desarrollo.
Al comienzo, tal vez, caminaron apoyándose sobre los nudillos de sus manos, pero poco a poco se irguieron y así sus manos empezaron a quedar libres, pudiendo empuñar piedras y palos para matar pequeños animales o para defenderse de los grandes, para despedazar la carroña, para partir los huesos o comer la médula, para sacar a los animales de sus escondrijos, para abrir los frutos de cáscara dura.
Durante su primera época en la Tierra, el hombre, al igual que los demás animales, debió enfrentarse a los caprichos de la naturaleza, pero, al dominar las fuerzas de ella, se fue convirtiendo en soberano indiscutible de su ambiente. El hombre se propagó por toda la superficie del planeta, conquistando las sierras y las llanuras, los desiertos y las selvas.
La primera vivienda, mejor se diría el primer refugio, debió ser un árbol bajo el cual se cobijara el hombre, o bien entre sus ramas, ante el temor de que su sueño fuera turbado por alguna fiera.
Por último, tal vez al ver flotar sobre las aguas o rodar los troncos de los árboles por los declives montañosos, surgieron en la mente virgen de los primeros seres humanos las primitivas y rudimentarias nociones del transporte y de la locomoción, que culminaron muchísimos siglos más tarde en la invención de la rueda, uno de los descubrimientos más sensacionales de todos los tiempos.
El uso de herramientas estimuló el desarrollo del cerebro, y el desarrollo de éste reforzó a su vez todo lo demás; le permitió al hombre una mayor coordinación de sus movimientos al caminar erguido; también le hizo darse cuenta del valor de las armas y herramientas, comenzando a guardarlas una vez usadas, por si le servían para futuras ocasiones; luego comenzó incluso a fabricarlas e inició a sus hijos en la fabricación y su uso. Así empezó la cultura ya que a pesar de que los creadores fueron muy primitivos, eran ya hombres. Comienza por tallar la piedra y hacer fuego.
La conquista del fuego es una de las más notables victorias humanas sobre la Naturaleza circundante. Fue adorado como un dios y forma parte integrante de todas las mitologías.
En la época de las tribus nómadas, cuando la humanidad se hallaba en estado de perpetua inestabilidad familiar y social, el fuego era un centro de reunión y concentración humana: un verdadero tesoro conservado con el mayor de los cuidados.
Cada familia se reunía en tomo a una hoguera durante las largas noches invernales. Como los medios para proporcionarse fuego eran limitadísimos, se hacía necesario e imprescindible mantener siempre encendidas, tanto de día como de noche, algunas brasas de leña y renovarlas constantemente. El fuego se comunicaba así con cierta solemnidad de unos a otros hogares. Cuando la familia, la horda, se ponían en marcha, cada uno de los clanes llevaba “SU fuego”, aquellas brasas preciosas, a menudo rodeadas y protegidas por centinelas, ya que podían ser robadas o apagarse de un momento a otro.  Y cuando a una tribu se le apagaba la lumbre, la miseria, las enfermedades acababan con ella muy en breve.
El hombre se había percatado del temor instintivo de las fieras a las hogueras; observó también que el fuego contribuía a la mejora de su alimentación y al perfeccionamiento de su industria; no tardó en darse cuenta de su inmenso poder destructivo. Su primera obtención debió ser laboriosa, muy fatigosa y erizada de dificultades.



 

Vida de los ZOES